viernes, 9 de julio de 2010

Con permiso

En soledad visité el cielo y el infierno, a pesar de lo que se creería no hay grandes y ostentosas puertas que golpear. ¿Porteros con grandes libros de registro? Yo no vi a nadie y creo que los hubiese jamás. Nadie que pregunte que hice, pensé o sentí o dejé de hacer, pensar o sentir en mi ya anecdótica existencia terrenal.
Lugares sin tiempo ni ecos, en fin, sin sentido ni respuestas. En todo similares. Interminable laberinto de espejos colocados en todos los ángulos posibles y algunos imposibles también para observarse de formas que uno jamás soñaría. La única diferencia es que en el cielo, mi mano, sostenía un martillo.

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