El silencio como lienzo, desierto de ondulaciones
Con un gusano de hierro que de eje en eje marca el pulso de la tierra que cede, la tierra siempre cede. Y no deja opción más que mirar hacia atrás, esa convergencia de punto lejano. De las ventanas se ven pasajeros inertes frente a un rumbo que no pueden cambiar, otra vez ceder, otra vez ser tierra, otra vez convergencia, otra vez compás metálico, tu tun tu tun, y el aire que lo sucede como queriéndose desesperadamente aferrar, polizón de los pulmones, si con el bastara respirar una vez seria todo, completos una vez mas.
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