viernes, 22 de octubre de 2010

El silencio como lienzo, desierto de ondulaciones
Con un gusano de hierro que de eje en eje marca el pulso de la tierra que cede, la tierra siempre cede. Y no deja opción más que mirar hacia atrás, esa convergencia de punto lejano. De las ventanas se ven pasajeros inertes frente a un rumbo que no pueden cambiar, otra vez ceder, otra vez ser tierra, otra vez convergencia, otra vez compás metálico, tu tun tu tun, y el aire que lo sucede como queriéndose desesperadamente aferrar, polizón de los pulmones, si con el bastara respirar una vez seria todo, completos una vez mas.

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